Lo que empezó como una forma honesta de conectar ahora es un circo de IA, métricas vacías y batallas por atención que nadie gana.
Recuerdo cuando hacer marketing de contenidos era algo más sencillo. Era contar una buena historia, ayudar a alguien con un problema y, de paso, que conocieran tu marca. Ahora es todo un espectáculo. Todo el mundo te habla de estrategias, de funnels, de personalización masiva con Inteligencia Artificial y de microcomunidades. Suena muy moderno, pero cuando ves lo que se hace en la calle, la mayoría de las veces es puro humo. La gente ya no aguanta más anuncios en la cara, así que las marcas se disfrazan de «amigas» que te dan consejos. El problema es que muchas se notan demasiado el disfraz.
La llegada de los robots y el fin de la paciencia
Lo más gordo ahora es la IA. No es el futuro, es el presente. Resulta que para 2026, la pelea no va a ser solo por llamar la atención de las personas, sino de sus «agentes». ¿Agentes? Sí, asistentes virtuales y algoritmos que deciden por nosotros. Un 24% de la gente que ya usa IA tiene uno que les ayuda a comprar. Así que las marcas tienen que contentar a dos públicos: a la persona de carne y hueso, y al robot que le está susurrando al oído. Para que el robot te elija, tu contenido tiene que estar perfectamente estructurado y ser claro para las máquinas. A esto le llaman «Optimización para Motores Generativos». En cristiano: si el algoritmo no te entiende, te vuelves invisible.
Y mientras tanto, la gente está cansada. Ya no piensan tanto en ahorrar para una casa, porque parece imposible. Ahora buscan recompensas inmediatas, un capricho diario que les dé una alegría rápida. A esto le han puesto un nombre en inglés: «Treatonomics». El 36% de la gente incluso se endeudaría a corto plazo por uno de estos gusticos. Las marcas que triunfen serán las que sepan celebrar con ellos esos pequeños pasos y logros, no las que solo vendan el sueño final.
El valor real está en lo que no se puede medir (fácilmente)
Aquí está el gran problema de hoy: todo el mundo quiere resultados para ayer, pero el buen contenido tarda. Es una inversión a largo plazo, no un chute rápido de visitas. Las empresas quieren ver conversiones ya, y en el apuro, cometen errores garrafales.
Uno de los más tontos es olvidarse de la llamada a la acción. Puedes escribir el artículo más brillante del mundo, pero si no le dices al lector claramente qué puede hacer después (suscribirse, descargar algo, comprar), se irá y se habrá perdido todo. Otro error común es centrarse solo en el texto. La gente es visual. Un tweet con imagen consigue un 150% más de retweets. Pero aún así, muchas empresas siguen publicando ladrillos de texto sin una sola foto o infografía.
Pero el peor de todos, el que mata cualquier estrategia, es no conocer a tu público. Crear contenido sin saber para quién es, es como gritar en un desierto. Si no resuelves un problema real de una persona real, tu contenido es basura. Tienes que entender sus dolores y hablar directamente de eso.
Las tendencias que en realidad son sentido común disfrazado
Te lees un artículo sobre tendencias y parece que hay que reinventar la rueda cada seis meses. Para 2026, te hablan de:
- Autenticidad radical: Esto no es nuevo, solo que ahora hay que gritarlo porque la gente está harta de lo falso. El 86% de los consumidores dice que la autenticidad influye en apoyar a una marca. Mostrar los errores, los procesos reales y ser transparente ya no es opcional.
- Hiperpersonalización visual: La IA no solo escribirá textos, creará imágenes y videos que se adapten en tiempo real a lo que le gusta a cada usuario. Suena a película, pero ya está pasando.
- Construir comunidades, no audiencias: La gente ya no quiere ser un número en una lista de correo. Quiere sentirse parte de algo. El contenido genérico cada vez impacta menos, y la gente huye a microcomunidades donde compartir valores con otros. El éxito no se mide solo en alcance, sino en compromiso real.
Al final, todas estas «tendencias» se reducen a algo muy simple: tratar a las personas como personas. Conectar de forma honesta, ser útil y no dar la chapa. La tecnología es una herramienta brutal, pero si no hay humanidad detrás, solo serás un robot más hablando con una pared. El marketing de contenidos no se murió, solo se puso más complicado. Y la única forma de no naufragar es no perder de vista eso, la humanidad, entre tanto ruido y tanto algoritmo.