Acabo de ver a alguien subir su primer YouTube Short, todo ilusión, convencido de que con un par de vídeos virales la pasta empezará a llover. Yo, que llevo viendo cómo cambia esto desde que se llamaba «Shorts Fund» y repartían cheques como si fueran premios de un concurso, me dan ganas de darle un abrazo y contarle la realidad, que es mucho más rara y menos brillante.
Antes era como una lotería. YouTube sacaba un fondo, tipo 100 millones de dólares, y repartía bonos de cien a diez mil dólares cada mes a quien ellos consideraban «top creators». Era dinero fácil, sí, pero caprichoso. No dependía de ti, dependía de que te eligieran. Ahora ese fondo ya no existe. Se acabó el cachondeo. En 2025, si ganas dinero con los Shorts, es porque te has puesto a bailar bajo la lluvia de una tormenta muy particular: la del reparto de ingresos por anuncios. Y la lluvia, muchas veces, es fina.
Para empezar a mojarte, tienes que entrar en el YouTube Partner Program (YPP). Aquí hay dos puertas. La grande, la que te deja cobrar por los anuncios entre Shorts, necesita que tengas 1000 suscriptores y, o bien 4.000 horas de visualización en vídeos largos en un año, o bien 10 millones de visitas en tus Shorts en 90 días. Sí, diez millones. Suena a burrada, pero en un mundo donde los Shorts generan 200.000 millones de visitas al día, la perspectiva cambia. Es como si te pidieran un montoncito de arena en medio del Sahara.
Si no llegas, hay una puerta pequeña. Con 500 suscriptores y 3 millones de visitas en Shorts (o 3.000 horas en vídeos largos), puedes entrar a un «YPP Lite». Esto no te da un céntimo de los anuncios, pero sí te deja activar cosas como las membresías de canal o los Super Thanks, donde tus seguidores te pueden echar una mano con dinero directamente. Es como montar la gorra en el suelo antes de que te dejen tocar en el escenario principal.
Ahora, imagina que pasas la puerta grande. Te frotas las manos pensando en el coche nuevo. Pues párate. El dinero no funciona como en los vídeos normales, donde un anuncio va pegado a tu cara y tú te llevas una parte. Aquí es todo un baile colectivo. YouTube junta en una olla gigante todo el dinero que ganan los anuncios que salen entre Shorts en un país. De esa olla, primero sacan un buen pedazo para pagar a las discográficas. Si tu Short usa una canción, el 50% de lo que generen sus visitas se va para música. Si usa dos, se va el 67%. Lo que queda en la olla después de pagar a los músicos es el «Creator Pool».
Tu parte depende de qué porción de las visitas totales de todos los Shorts monetizados son tuyas. Si en un mes, en Estados Unidos, hay 400 millones de visitas monetizadas y un millón son de tu vídeo, tienes un 0.25% del pastel. De ese trozo que te toca, YouTube se queda con el 55% y tú te llevas el 45%. Al final, por un millón de visitas, puedes terminar embolsando… ¿130 dólares? Sí, he visto cálculos que dan cifras así de bajas.
Aquí es donde la gente se desinfla. El RPM (lo que ganas por mil visitas) en los Shorts está entre 0.01 y 0.07 dólares. Para un vídeo largo, puede estar entre 1 y 30 dólares. La diferencia es bestia. Por eso, ver a un creador decir que ganó 500 dólares por 11 millones de visitas no me sorprende, me parece la norma. Este sistema de la olla común premia el volumen brutal, la constancia de una fábrica, no el vídeo viral único.
Por eso los más listos no ponen todos los huevos en la cesta de los anuncios. Si ya estás en el YPP, puedes encender los Super Thanks para que tus seguidores te den propinas. Puedes montar membresías de canal con contenido exclusivo. O, lo que de verdad mueve dinero, hacer acuerdos con marcas. Un Short patrocinado puede pagar más que meses de ingresos por anuncios. Y luego está el verdadero poder oculto de los Shorts: no son para ganar dinero directamente, son para que te encuentren. El 74% de las visitas de un Short vienen de personas que no están suscritas a tu canal. Son un escaparate bestial. Un Short que supera las 10.000 visitas puede regalarte entre 12 y 18 suscriptores nuevos de media. Esos sí son valiosos, porque luego se los llevas a tus vídeos largos, donde está el dinero de verdad.
Eso sí, YouTube no es tonto. Para cobrar, tu contenido tiene que ser tuyo. De verdad. Ya no vale con subir compilaciones de clips de otros o reaccionar con caras sin decir nada. Lo llaman «contenido no auténtico» o «reutilizado», y te dejan fuera del programa. Tienes que añadir tu voz, tu edición, tu giro. Tienes que transformarlo.
Al final, ganar dinero con YouTube Shorts en 2025 no es un sprint, es un maratón de fondo por un desierto, donde los pozos de agua (dinero) están muy separados. El nuevo sistema es más justo y transparente que la lotería de antes, pero también es mucho más cruel y exige mucho más trabajo. Los que triunfan son los que no miran solo la olla de los anuncios, sino que usan los Shorts como un megáfono gigante para atraer gente a su mundo, donde luego les venden camisetas, suscripciones, o les muestran un producto en un vídeo largo y bien hecho. Es un juego de paciencia, de estrategia y de no flaquear cuando ves que un millón de visitas se convierte en un billete de cien dólares.