O sea, imagina que tu página web es como tu local, ese que tanto te ha costado montar y decorar. Pues para que la gente entre, no basta con que la puerta esté abierta y la fachada sea bonita. Hay que estar en el mapa del pueblo. Y ese mapa es Google. El Search Console, que es una herramienta gratuita, es como si el mismísimo Google te hiciera de guía turístico y te llevara por los pasillos de su oficina para explicarte: «mira, aquí es donde decido si tu local aparece cuando alguien busca ‘café con wifi’ y, si aparece, en qué puesto lo pongo».
Lo primero, y que mucha gente no sabe, es que no es lo mismo que Google Analytics. Son primos, pero no hermanos. Analytics te cuenta lo que pasa dentro de tu local: cuánta gente vino, cuánto tiempo estuvieron, qué compraron. El Search Console, en cambio, te cuenta la película de fuera: por qué palabras te encontraron, si tu cartel (el que pones en la calle de Google) se ve bien, o si hay un problema con la puerta que impide que entre la gente. Es la única herramienta que te deja leer la mente del buscador.
Te vas a hartar de ver dos palabras: impresiones y clics. Las impresiones son las veces que alguien vio tu enlace en los resultados, aunque no pinchara. Los clics, las veces que entraron. La magia está en cruzar esos datos. Puedes descubrir, por ejemplo, que apareces 500 veces al mes cuando la gente busca «tarta de zanahoria casera», pero solo te clican 5 veces. Ahí hay un mensaje claro: o sales en la página 20, o tu título y descripción son un pestiño y no llaman la atención. La herramienta te deja filtrar por páginas, países y hasta el tipo de móvil. Es tu mina de oro para saber de qué habla la gente y qué está ignorando.
Cuando Google no quiere entrar en una habitación de tu casa
Esto es lo que más duele. Te pasas semanas preparando una página nueva, la publicas y… nada. No sale en Google. Aquí el Search Console se pone técnico, pero en plan práctico. En la sección de «Indexación» o «Cobertura» te pone en una lista a tus páginas como si fueran alumnos, con sus notas.
Verás cosas como «Rastreada – actualmente no indexada». Esto es Google diciéndote: «Pasé por delante, miré por la ventana, pero no me apetecío entrar». Puede ser porque tiene mucho trabajo y tu web no es prioridad, o porque el contenido le pareció flojo o repetitivo. Peor es «Excluida por la etiqueta ‘noindex'». Eso ya es un error tuyo o de tu desarrollador: le has puesto un cartel de «NO ENTRAR» sin querer.
Lo bueno es que no solo te dice el problema, sino las URLs exactas. Y a veces, para páginas concretas, le puedes pedir amablemente que entre a echar un vistazo de nuevo, como tocar el timbre.
Los avisos que te salvan de un disgusto
No hace falta que entres todos los días. De hecho, si todo va bien, con una visita al mes vale. Pero si pasa algo grave, el Search Console te manda un correo. Son como las alarmas.
Los avisos más serios son los de «Acciones manuales» y «Problemas de seguridad». El primero es una multa de Google. Un humano (no un robot) ha mirado tu web y ha decidido que hace trampas: contenido copiado, enlaces comprados, páginas llenas de anuncios… Te bajan puestos o te echan del mapa. El segundo es peor: significa que probablemente te han hackeado y tu web puede estar infectando a los visitantes. Si recibes uno de estos emails, es para dejarlo todo y ponerse a solucionarlo.
Para qué sirve realmente (más allá de mirar números)
Al final, la filosofía es simple: es la herramienta para sintonizar tu web con lo que Google valora. Y ahora Google valora mucho la experiencia. Tiene informes como «Experiencia» o «Core Web Vitals» que te dicen si tu web va lenta en el móvil (y hoy todo el mundo usa el móvil), si los botones se mueven mientras se carga la página, o si no es segura (HTTPS). Son cosas que a los clientes les importan, aunque no sepan explicarlo. Si Google ve que a los usuarios les frustra tu web, te hundirá en los resultados, aunque tu contenido sea bueno.
También te muestra quién te enlaza desde otras webs y cómo están tus enlaces internos. A veces descubres que una página importante solo tiene un enlace que lleva a ella, enterrado en el pie de página. Es como tener una habitación secreta en tu local: de nada sirve si nadie sabe que está ahí.
Al principio da un poco de vértigo, es verdad. Pero es como aprender a leer el cuadro de mandos de tu coche. No necesitas ser mecánico, pero sí saber si la luz de avería que se acaba de encender es la del aceite o la de los elevalunas. El Search Console te da esas luces, y encima, te explica lo que significan. Lo único que pide a cambio es que verifiques que eres el dueño del sitio, metiendo un código en tu web o cambiando una configuración del dominio.
Lo más humano de todo es que te da historias. Como la del dueño de la web obsesionado con rankear para una palabra clave muy concreta, hasta que el Search Console le mostró que ya rankeaba en posiciones altas para cientos de variaciones y sinónimos de esa palabra, que le traían el tráfico de verdad. O el que se quejaba de que Google no indexaba sus páginas de productos, y resultó que eran páginas vacías, con cuatro líneas de texto genérico. Google le estaba diciendo, educadamente, que se esforzara más.
Al final, es eso: una conversación directa con el tipo que dibuja el mapa. Puedes ignorarla y confiar en que te encuentren igual. Pero si la escuchas, puede que te enseñe un atajo.