Mira, te voy a ser sincero. La segunda página de Google es como ese bar oscuro al fondo de una calle sin salida. Puede que tú estés ahí, con la mejor música y las copas más baratas, pero si nadie pasa por la puerta, no sirve de nada. Las cifras son tochas: el primer resultado de Google se lleva casi el 40% de todos los clics. El segundo ya cae a la mitad, un 18%. Y del tercero para abajo, esto es un desierto . Si no estás en el top 3, básicamente no existes. Y lo mejor de todo es que para pelear por ese puesto no hace falta que te dejes el sueldo en anuncios. Otra cosa es que tengas que currártelo, porque esto no va de suerte.
Google premia la seguridad como si fuera el portero de una discoteca
Índice del Contenido
- Google premia la seguridad como si fuera el portero de una discoteca
- Olvídate de lo que tú quieres decir, importa lo que la gente busca
- El móvil manda, y si tu web no se ve bien, que sepas que estás perdiendo la batalla
- El EEAT o cómo demostrar que no eres un robot que escribe tonterías
- Estructura tu web como una casa, no como un laberinto
- La velocidad es como la paciencia de la gente: poca y agotándose
- Los enlaces son como los avales de un banco
- La IA está cambiando el cotarro y hay que adaptarse
- Herramientas gratis que valen su peso en oro
Antes de pensar en palabras bonitas o en hacerte viral, tienes que poner puertas. Y las puertas de un sitio web se llaman certificado SSL. Si tu página no tiene ese candadito en la barra del navegador, Google te pone una multa invisible pero efectiva: te hunde en los resultados. Si encima pides datos a la gente (para un registro, para una compra) y no los proteges, estás muerto. Esto no es una broma, sobre todo para tiendas online o sitios que manejan pasta. El algoritmo penaliza la inseguridad y punto . No importa lo bonito que sea tu diseño, si es inseguro, fuera.
Olvídate de lo que tú quieres decir, importa lo que la gente busca
Uno de los errores de novato es escribir sobre lo que a ti te mola. Y vale, está bien, pero si quieres salir en Google, tienes que escribir sobre lo que la gente está buscando. Pero ojo, no vale cualquier palabra. Tienes que meterte en la cabeza del que teclea. No es lo mismo buscar «zapatillas» (a saber qué quiere) que buscar «dónde comprar zapatillas running tallaje ancho». Eso es una mina de oro. Ahí la intención está clarísima y, aunque lo busque menos gente, los que llegan van a comprar. Usa herramientas gratis como el Planificador de Palabras Clave de Google o incluso el Ubersuggest para espiar un poco qué preguntas hace la gente .
El móvil manda, y si tu web no se ve bien, que sepas que estás perdiendo la batalla
Hoy en día todo el mundo busca con el móvil en la mano, muchas veces tirado en el sofá o en el metro. Si tu web se ve como un sello de correos y hay que hacer zoom con los dedos para leer algo, mal asunto. Google lo sabe y, desde hace años, usa el criterio de «mobile first». Eso significa que mira primero cómo se ve tu web en el teléfono. Si es una castaña, te descarta directamente. Tu página tiene que ser «responsiva», que es una palabra fina para decir que se adapta sola a cualquier pantalla . Si no, olvídate de las primeras posiciones.
El EEAT o cómo demostrar que no eres un robot que escribe tonterías
Google se ha vuelto muy listo. Ya no solo busca palabras clave, busca que lo que escribas sea verdad, útil y que demuestres que sabes de lo que hablas. Tiene un manualillo interno que llaman EEAT: Experiencia, Expertise, Autoridad y Confianza . Esto quiere decir que si das consejos médicos, mejor ser médico; si hablas de finanzas, mejor ser asesor. Y si no lo eres, al menos cita fuentes que sí lo sean. Nada de copiar y pegar de otros sitios. Si te escaqueas, te quedas en la cuneta. La gente busca contenido de verdad, no el folleto del supermercado. Incluye una pequeña biografía de quién escribe y actualiza los artículos viejos para que no parezcan museos.
Estructura tu web como una casa, no como un laberinto
Cuando un robot de Google (de esos que llaman «arañas») entra en tu página, tiene que entenderla rápido. Si tu web es un lío de enlaces rotos, páginas sin título y texto ilegible, la araña se va a otro lado. Usa los encabezados (H1, H2, H3) como si fueran índices de un libro. Que se vea claro de qué va cada cosa. Y pon URLs que se entiendan. Nada de «tusitio.com/p=12345«, mejor «tusitio.com/consejos-seo-gratis«. Eso ayuda y además la gente confía más cuando ve que la dirección es limpia .
La velocidad es como la paciencia de la gente: poca y agotándose
Vivimos con prisas. Si tu web tarda más de dos segundos en cargar, el usuario se va y no vuelve. Google mide eso con un palo que llaman Core Web Vitals . Tienes que comprimir las imágenes (hay webs gratis para eso), aprovechar el caché y tener un hosting medio decente. No hace falta que pagues una fortuna, pero el hosting gratuito suele ser una lotería que acaba mal. Una web lenta es una web muerta. Puedes usar herramientas como Google PageSpeed Insights para ver qué te dice el médico .
Los enlaces son como los avales de un banco
Si otro sitio web con buena fama enlaza al tuyo, es como si te avalara. Le dice a Google: «oye, este tío mola, confía en él». Eso se llama link building. Una forma gratis de conseguirlos es escribir artículos como invitado en otros blogs (los guest posts) . Pero no vale con que te enlace la web de tu primo Manolo. Tienen que ser sitios de verdad, con autoridad. Si te enlazan páginas de spam, te conviertes en spam. Y eso, a los ojos de Google, es veneno puro.
La IA está cambiando el cotarro y hay que adaptarse
Ahora la gente también pregunta en ChatGPT o en Perplexity. No solo en Google. Y estos bichos funcionan de otra manera. Buscan respuestas muy concretas, directas, que puedan citar. Si tu contenido no es claro y no responde preguntas de forma tajante (tipo «¿Cómo se hace X?»), estas inteligencias artificiales no te van a recomendar . El formato de pregunta-respuesta se está comiendo el mundo. Tienes que escribir para que una máquina entienda que tú eres la fuente fiable. No es complicado, solo es ser más escueto y útil en menos espacio.
Herramientas gratis que valen su peso en oro
No necesitas pagar una pasta por herramientas. Con las de Google tienes media vida: Google Search Console es la caña. Ahí ves exactamente qué palabras buscan para llegar a ti, qué falla, si te están indexando bien… . El otro imprescindible es Google Analytics, que te dice cuánta gente entra, qué hacen y si se aburren y se van . Para temas más técnicos, Screaming Frog tiene una versión gratuita que escanea tu web en busca de enlaces rotos y errores de principiante . Con eso, un poco de maña y tiempo, tienes más que suficiente para empezar a dar guerra.