La gente que todavía dice «voy a mirarlo en la tienda física» ya es la excepción, no la regla.
El otro día fui a comprar un cojín nuevo para el sofá y sin darme cuenta hice todo el proceso desde el móvil mientras veía la tele. Lo encontré en Instagram, lo pagué con Apple Pay y al día siguiente estaba en mi casa. Ni siquiera pisé una tienda. Y eso ya le pasa a todo el mundo. Las cifras no engañan: se espera que para finales de 2026 casi una cuarta parte de todas las ventas del mundo se hagan online . Esto ya no es una moda de cuatro frikis de la tecnología.
Si crees que montar una tienda online es solo hacer una web y ya está, vas muerto.
Ahora mismo lo que funciona de verdad no es el «escaparate digital» ese que todo el mundo se montó en la pandemia. Ahora la gente compra donde le sale del pie. Ves un jersey en TikTok, lo compras sin salir de la app, y a otra cosa . Esto del social commerce está pegando fuerte. Mis sobrinos buscan «cómo llevar tal cosa» en redes y si el vendedor no está ahí, directamente ni existe para ellos. El otro día le compré un regalo a mi cuñado por un live shopping de no sé qué marca, y fue como la teletienda pero sin parecer tan cutre .
Ojo, que vender online ahora es más jodido de lo que parece.
Ya no vale con poner cuatro fotos y un «envío gratis». Ahora los pedidos los hacen los robots. Literalmente. Con esto del Agentic Commerce, la gente delega en asistentes de inteligencia artificial para que le compren las cosas . Si tu tienda no tiene las fichas de producto claras, con los datos bien puestos y sin letra pequeña que pueda confundir a una máquina, el algoritmo ni te va a mirar . Es una putada, pero es así: tienes que vender para que te entienda una inteligencia artificial antes que para que te entienda tu cliente.
Lo que más se vende ahora es lo que siempre se ha vendido, pero con un giro.
Siempre se han vendido camisetas, pero ahora las que triunfan son las personalizadas de nichos muy concretos: sudaderas para gamers, camisetas de frases para dueños de perros, cosas así . También la cosmética y los potingues siguen siendo un filón, sobre todo si son sostenibles o con ingredientes raros . Y ojo a los suplementos y vitaminas, que la gente mayor y los que van al gimnasio compran eso como churros sin mirar apenas el precio .
Los putos pagos siguien siendo el drama de siempre.
Nada más cabreante que encontrar algo flipante y que al final no te dejen pagar con tu método. Ahora el Pix en Brasil o Bizum aquí se han convertido en básicos, y si no los tienes, la gente te abandona el carrito y se va a la competencia . También proliferan estos métodos de pagar a plazos sin interés, el famoso BNPL. La generación más joven no quiere soltar la pasta de golpe, pero compra igual .
El que no vende online es porque no quiere, o porque vende cosas muy específicas.
Y con específicas me refiero a algo muy local o perecedero, o servicios muy de proximidad. Por lo demás, hasta los repuestos de coche y las cosas de bricolaje se venden más por internet que en la tienda de la esquina . La realidad es que el vecino del quinto ya no va a la ferretería, busca el tornillo en Google, lo compra y le llega a casa. Es más cómodo y punto.
Lo de «probar antes de comprar» ya se soluciona con realidad aumentada.
Sobre todo para muebles o gafas de sol. La gente puede verse con las gafas puestas o ver cómo quedaría un sofá en su salón antes de comprarlo. Y eso mola porque reduces las devoluciones, que es otro de los grandes dolores de cabeza del que vende online . Al final, el 2026 no es que sea el futuro, es que es el presente más absoluto. El que no esté ahí dentro, simplemente no existe para la mayoría de la gente.