Mira, lo primero que tienes que saber es que poner Google Chrome como predeterminado suele ser un paseo militar, pero Microsoft te pone zancadillas como si le fuera la vida en ello. Si tienes Windows, lo más rápido es ir al menú de inicio, luego a Configuración (la ruedecita esa) y después a «Aplicaciones» y «Aplicaciones predeterminadas». Buscas Chrome en la lista, lo clicas y le das a «Establecer como predeterminado» . En teoría, en 20 segundos está hecho.
El truco está en que a veces el botón no hace nada. Pasa más a menudo de lo que parece. Si ves que clicas en «Establecer como predeterminado» y la pantalla parpadea pero sigues con Edge abriéndose solo, el problema suele ser de Windows, no de Chrome . He visto casos en los que tienes que ir a la puta lista de tipos de archivo (abajo del todo) y cambiar uno por uno .htm, .html, http y https para que Chrome los gestione. Es coñazo, pero funciona cuando el sistema se niega a hacer caso.
En Mac es más elegante, pero ojo porque lo esconden. Si tienes un macOS moderno (Ventura o superior), tienes que ir a Ajustes del Sistema, luego a «Escritorio y Dock», y bajar hasta el final. Ahí hay una opción que pone «Navegador web por omisión» donde puedes soltar Safari de una puta vez . En versiones más viejas está en «General». Lo gracioso es que Apple lo esconde como si cambiarlo fuera pecado, pero una vez que sabes dónde está, es pan comido.
Lo que nadie te cuenta es que Chrome a veces se cree que es el rey y no te pregunta. Cuando instalas Chrome por primera vez, suele saltar una ventanita preguntando si quieres que sea el navegador por defecto. La mayoría clica que sí sin pensar, pero si en ese momento dices que no, luego tienes que ir a los ajustes del propio Chrome. Dentro de Chrome, en los tres puntitos > Configuración, hay una sección de «Navegador predeterminado» con un botón que lo intenta cambiar automáticamente . En Linux esto es lo único que funciona, porque allí cada distribución gestiona las apps por defecto de su puta manera.
El caso más puñetero es el de empresa. Si tu ordenador del trabajo no te deja cambiar el navegador, no es que seas torpe, es que el informático te ha puesto una jaula. Usan políticas de grupo (GPO) que bloquean cualquier cambio . Por mucho que entres en Configuración, el sistema te ignorará porque tiene una orden superior que dice «usted va a usar Edge y le va a gustar, jodío». La única solución ahí es hablar con sistemas o aprender a querer a Edge, que por cierto, ya puestos, no es tan malo como antes, pero eso es otro tema.

En el móvil la cosa cambia, sobre todo en iPhone. Android es sencillo: vas a Ajustes > Aplicaciones > Aplicaciones predeterminadas > App de navegador y eliges Chrome . Pero Apple, con su manía de controlarlo todo, hasta hace poco no dejaba cambiar el navegador por defecto. Desde iOS 14 puedes hacerlo, pero el proceso es un poco lioso: abres Chrome, vas a los tres puntos, Configuración, «Navegador predeterminado» y eso te manda a los ajustes del sistema para rematar el cambio . Apple te lo pone difícil para que te canses y te quedes con Safari, no te quepa duda.
Y luego están los fallos raros de Windows que parecen de chiste. A veces el navegador directamente no aparece en la lista de aplicaciones predeterminadas. O aparece pero está gris. He leído casos de gente que ha tenido que reinstalar Chrome, ejecutar el comando «sfc /scannow» para reparar archivos del sistema, o hasta desactivar el antivirus porque bloqueaba el cambio . Sí, has leído bien, el puto antivirus pensando que cambiar de navegador es un ataque de malware. Vivimos en una época maravillosa.
Un truco guarro que funciona es desinstalar Edge… pero no puedes. Windows no te deja borrar Edge fácilmente, pero sí puedes «olvidarte» de él. Si tienes muchos problemas, busca en Google «EdgeDeflector» (en equipos personales). Es un programilla de código abierto que intercepta los enlaces de Microsoft y los fuerza a abrirse en Chrome. No es una solución limpia, pero para el cabreo que da que Windows te ignore, es un parche cojonudo.
Resumiendo: lo normal es que sea fácil, pero cuando es difícil, es un infierno. Si tu PC es personal y actual, en menos de un minuto lo tienes. Si es del trabajo, olvídate, no merece la pena pelearse. Y si es un iPhone, prepárate para dar algún rodeo de más. Pero vamos, que se puede, solo hay que saber dónde mete cada uno los ajustes y tener paciencia con las putadas que nos hacen los fabricantes.