Plan de Marketing

Lo que Google AdSense no te cuenta

Oye, ¿has visto eso del Google AdSense? Me refiero a eso que supuestamente te paga por poner anuncios en tu web o en tus vídeos de YouTube. Todo el mundo habla de ello como si fuera una mina de oro, pero la verdad es otra.

Lo pintan súper fácil: te registras, pegas un código en tu web, y listo, empieza a caer dinero como si nada. Hasta dicen que una inteligencia artificial de Google se encarga de todo para que tú ganes lo máximo. Suena bien, ¿no? Pues con esas promesas te enganchan.

Pero la cosa es esta: Google se queda con un tercio de todo lo que gana tu anuncio. Sí, leíste bien. De cada dólar que paga un anunciante, tú te quedas con unos 68 centavos y Google se embolsa 32. No es una comisión pequeña. Lo llaman «reparto de ingresos», pero a mí me suena a peaje.

¿Y cuánto se gana en realidad? Aquí viene lo bueno.

No te van a dar una cifra fija. Ni lo sueñes. Lo que ganes depende de un montón de cosas que tú casi no puedes controlar. Lo más importante es de dónde viene tu gente y de qué hablas en tu web.

Si tu público está en Estados Unidos o Europa, los anunciantes pagan más por cada clic. Pero si la mayoría son de países de habla hispana, olvídate, los precios se hunden. Y la temática es clave: un blog sobre cerrajeros de urgencias, seguros o abogados puede ganar hasta 2 o 3 dólares por un simple clic. En cambio, si hablas de viajes o de recetas de cocina, con suerte llegas a 30 centavos. La diferencia es abismal.

Para que te hagas una idea, he visto cifras que dicen que con 100,000 visitas al mes, en un buen nicho puedes sacar entre 2,000 y 6,000 dólares. Pero en uno malo, con la misma cantidad de gente, apenas llegarás a 300. Es una lotería.

Y en YouTube, ¿es diferente?
Pues sí, es otro mundo. Allí no suelen pagar por clic, sino por cada mil vistas que consigues (lo llaman CPM). Y otra vez, todo depende de tu audiencia. Puede variar desde 0.50 dólares por mil vistas en algunos países hispanos, hasta 10 dólares si tu público está en Estados Unidos. Para poder siquiera optar a esto, YouTube te exige tener al menos 1,000 suscriptores y 4,000 horas de reproducción pública en el último año. No es para empezar desde cero.

El gran problema: el umbral de pago.
Esto es lo que más rabia da. No es que ganes 10 dólares y te los manden. No. Tienes que acumular como mínimo 100 dólares en tu cuenta para que Google se mueva a pagarte. Y antes de eso, tienes que superar un montón de trámites: verificar tu identidad con documentos y confirmar tu dirección postal con un PIN que te mandan por correo ordinario.

Así que imagínate: empiezas desde cero, con un tráfico bajo, ganando centavos. Pueden pasar meses, o incluso más de un año, hasta que juntes esos 100 dólares y completes todos los trámites para ver tu primer pago. Mucha gente se desanima y abandona antes de llegar.

Mis dos centavos sobre esto.
Todo el mundo te vende AdSense como el camino fácil para ganar dinero en internet. La realidad es que es un complemento, no un sueldo. Es para cuando ya tienes una web o un canal con mucho tráfico de países «caros» y sobre temas que pagan bien.

Si estás empezando y tienes 50 visitas al día, no esperes ganar más que para un café al mes. Y cuidado con las reglas de Google: si haces clic en tus propios anuncios (aunque sea por curiosidad) o no cumples alguna de sus políticas que cambian a menudo, te pueden cerrar la cuenta y adiós a todo el dinero que hayas acumulado.

Al final, lo que he aprendido es esto: AdSense no es un negocio, es una consecuencia. El negocio de verdad es crear algo valioso que atraiga a mucha gente. Los anuncios son solo la guinda, y a menudo, una guinda bastante pequeña.