Te iba a contar que lo de cerrar el Gmail no es como apagar la luz, sale y ya. Hay un efecto dominó que mucha gente pasa por alto y del que casi nadie habla.
Cuando borras la cuenta de Google, no es solo el correo. Perdés acceso a todo lo comprado en Google Play y YouTube: juegos, películas, música, esas series que pagaste para ver offline… Se van para siempre. Si tenés un Android, el teléfono se queda medio huérfano: no podés actualizar aplicaciones ni descargar otras de la tienda, y es probable que pierdas tus progresos guardados en los juegos. Los contactos que guardaste en la nube y no en la SIM o el teléfono también desaparecen.
Hace poco un amigo me dijo «tengo todo en Google Fotos», y borró su cuenta. Las fotos se fueron con ella. No fue una decisión informada. También se pierden todos los archivos del Drive, calendarios, incluso las extensiones que tenías instaladas en Chrome para esa cuenta dejan de funcionar.
Yo te recomendaría hacer una limpieza de enlaces antes de borrar. Desvincular el correo de todas partes. No solo de redes sociales o bancos. Peor es darte cuenta que usabas «Iniciar sesión con Google» en alguna aplicación y te quedás afuera para siempre. Lo mejor es entrar a la configuración de tu cuenta y quitar manualmente el acceso a todas esas apps y sitios de terceros.
Respaldo es otra palabra clave. Google Takeout es la herramienta oficial para eso. Te permite descargar absolutamente todo: correos, fotos, documentos, calendarios, historial de ubicaciones. Elijes qué servicios y qué datos específicos de cada uno querés. Podés pedir que te lo manden por un link de descarga, lo suban a tu Google Drive, a Dropbox, o a OneDrive. Si la cuenta está muy llena, prepará paciencia; la descarga puede demorar desde minutos hasta días, dependiendo de lo que tengás.
¿Pensaste en lo que pasa si tenés cuentas vinculadas? Si tu cuenta de Gmail era el correo de recuperación de otras cuentas (como tu cuenta de Facebook o del banco), y la borrás, te podés quedar atrapado sin poder restablecer contraseñas en otros lugares. Hay que actualizar eso primero.
Si solo querés dejar de usar Gmail pero te interesa conservar otras cosas como YouTube con tu historial, Google te da la opción de eliminar solo Gmail. Tenés que asociar otra dirección de correo (que no sea de Gmail) a tu cuenta de Google, verificarla, y luego sí podés borrar la casilla de correo. La cuenta general de Google sobrevive. Si lo que querés es desaparecer de Google por completo, eso es borrar la cuenta entera, y el camino es distinto.
Algo que mucha gente ignora es la inactividad. Google anunció que puede eliminar cuentas personales (no de trabajo o estudio) que estén inactivas durante dos años o más. Inactivo significa no iniciar sesión ni usar ningún servicio, como Gmail, Drive, o YouTube. Aunque tengan compras, una tarjeta regalo con saldo, o sean administrador de una cuenta de Family Link, esas cuentas están a salvo. Pero si una cuenta está abandonada, van a empezar a mandar avisos al correo principal y al de recuperación antes de borrarla. Podés evitarlo simplemente entrando a tu cuenta cada cierto tiempo.
Lo de la cuenta hackeada es otro cantar. Antes de borrarla de golpe, usá la Revisión de Seguridad de Google. Te permite ver qué áreas se vieron comprometidas. Así podés, por ejemplo, cambiar contraseñas guardadas si accedieron a ellas, o ver si descargaron tus contactos para avisarles que tengan cuidado con mensajes raros. Una vez que borrás la cuenta, esa herramienta de revisión ya no sirve para la cuenta eliminada.
Si tenés un Android, también es clave quitar la cuenta del teléfono antes de borrarla. Si no, el dispositivo puede empezar a comportarse raro. Quitarla del teléfono no borra la cuenta, solo la desvincula del aparato.
No existe un botón mágico. Después de confirmar la eliminación, Google te da una ventana de gracia (dicen que puede ser de hasta un par de meses) durante la cual, si te arrepentís, podés intentar recuperarla. Pero después de ese plazo, la cuenta se borra de forma definitiva. Lo que se va, se fue. No hay vuelta atrás.
La recomendación personal es: no corras. Tomate tu tiempo. Descargá todo lo que quieras conservar. Revisá cada rincón donde usaste ese correo. Hacé una limpieza de permisos. Y cuando estés seguro de que no dejaste nada importante atado a esa dirección, ahí sí, dale al botón.