Yo al principio pensaba que era solo meter Google Analytics y ya está, que te salía un número de visitas y listo. Qué inocente. Ahora veo que es más como querer conocer a una persona: puedes contar cuántas veces te ha saludado, pero eso no te dice si es sincero o si le caes bien.
Para saber cuánta gente pasa por una web que no es tuya, las herramientas tiran de estimaciones, de datos de paneles de usuarios y a veces de datos que comparten otras webs. Por eso, SimilarWeb, Ahrefs o SE Ranking son las típicas que usa la gente. Te metes, pones la web del vecino o del competidor, y te sueltan un número. Pero ojo, ese número no es la verdad absoluta. Son cálculos, a veces dan un poco de margen. Eso sí, si vas a comparar, usa siempre la misma herramienta para que la mentira sea por lo menos coherente.
Lo interesante es que estas herramientas te enseñan más que el número. Puedes ver si el tráfico viene de Google (orgánico), de anuncios de pago, de redes sociales o de que alguien ha puesto un enlace desde otro blog. También te enseñan qué palabras clave están atrayendo gente. Así, si ves que una web rival tiene mucho tráfico por la palabra «zapatillas running baratas», ya sabes por dónde van los tiros. Es como espiar por el ojo de la cerradura para ver qué está haciendo bien el otro.
Si lo que quieres es medir tu propia web, la cosa cambia y se pone más seria. Aquí sí que puedes (y debes) tener datos reales. La herramienta reina es Google Analytics, y es gratis. Pero vamos, que no es solo un contador. Lo primero que aprendí es que hay que diferenciar entre una simple visita y un «usuario activo». Ahora en la nueva versión (GA4), Google se fija en si la visita ha durado más de 10 segundos, ha visto al menos dos páginas o ha hecho algo como rellenar un formulario. Solo si pasa una de esas cosas, cuenta como «activo». La idea es quitar el ruido de la gente que entra por error y se va al segundo.
Pero incluso esa métrica tiene sus peros. ¿De verdad 10 segundos en una página significan que alguien está interesado? Puede que el usuario se haya distraído con el móvil o esté esperando a que cargue otra cosa. Por eso, lo que a mí me ha servido es no quedarme en la superficie. No vale con mirar «usuarios totales» y ya está.
Aquí van las métricas en las que yo me fijo de verdad, y por qué:
- Páginas por sesión: Esto sí que te dice si tu contenido engancha. Si alguien entra, lee un artículo y pincha para ver otro, es buena señal. Dicen que las visitas que acaban comprando suelen ver muchas más páginas que una visita normal.
- Tasa de compromiso (o su hermana fea, la tasa de rebote): Mide el porcentaje de gente que hizo algo mínimamente útil. Si tienes una tasa de rebote altísima, es que la gente llega y se marcha sin más. Puede ser que la página no sea lo que esperaban, o que esté mal diseñada.
- Fuentes de tráfico: Esto es clave para no tirar el dinero. Tienes que saber si la gente viene de Google, de Facebook, de un email que mandaste o porque tecleó tu web directamente. Así ves qué canal de marketing funciona y cuál es un agujero negro por donde se va tu presupuesto. Por ejemplo, es normal que el tráfico de redes sociales tenga menos compromiso que el que viene de una búsqueda en Google.
- Conversiones: Esto es el «para qué» de todo. Una conversión no es solo vender. Para un blog puede ser suscribirse a la newsletter. Para una web de servicios, que te pidan un presupuesto. Si tienes mucho tráfico pero cero conversiones, algo falla en el camino.
Al final, el número de visitas es como la portada de un libro. Te da una primera impresión. Pero lo importante está dentro: saber qué hacen y por qué lo hacen. Para eso, una herramienta como Hotjar es la bomba. Te permite ver grabaciones de cómo navegan los usuarios reales y mapas de calor que te muestran dónde hacen clic. Puedes ver si se atascan en un botón que no se ve bien o si nadie se desplaza hasta la mitad de la página. Esto te da el «por qué» que los números fríos de Analytics no te pueden contar.
Medir el tráfico no es para guardar números bonitos en un informe. Es para tomar decisiones. Si ves que un artículo tiene muchas visitas pero la gente se va en 15 segundos, igual el título es bueno pero el contenido es malo. Si ves que todo tu tráfico viene de un solo canal (como Facebook), ya sabes que estás en las manos de un algoritmo que puede cambiar de la noche a la mañana.
El verdadero truco no es saber cuánta gente entra, sino qué puedes hacer para que los que entran, se queden, vuelvan y acaben haciendo lo que tú necesitas. El resto son fuegos artificiales.