Ahí va mi intento con Family Link… y cómo me fue.

Mi hermano metió a su hijo de diez años en eso del Family Link el otro día, y yo, como tío cotilla, me quedé mirando. La cosa es que estos críos de ahora parecen que nacen con el chip de Android integrado, y claro, luego no hay quién los suelte del móvil o la tablet. Según vi, este invento de Google te deja hacer de policía bueno y malo con la tecnología de tu hijo, pero no en plan dictador, sino para ir enseñándole a usarla.

Las reglas del juego

Le instalé la app tanto en el móvil del padre como en el del niño. Lo primero que tienes que hacer es crearle una cuenta de Google al crío si es menor de 13 años (o de la edad que sea en tu país). Si ya tiene una, le enchufas la supervisión. Eso sí, me quedé con cara de tonto cuando me enteré que no sirve para iPhones ni iPads del niño, solo para los Android de ellos y Chromebooks.

La gracia está en que desde tu teléfono puedes ponerle unas cuantas zancadillas digitales al suyo:

  • Tiempo de pantalla: Le pones un límite diario, como dos horas, y cuando se las gasta, el móvil se queda bloqueado. Lo mejor es que se puede ajustar cada día de la semana y hasta darle «tiempo extra» si se porta bien.
  • Horarios de descanso: Esto es lo que más le gustó a mi cuñada. Puedes programar que el móvil se apague solo a la hora de dormir o incluso durante las horas de colegio, pa que no esté con el juego en clase.
  • Control de apps: Aquí sí que te puedes poner fino. Tú decides qué aplicaciones puede descargar del Play Store y cuáles no. Y si ya tiene unas cuantas, puedes bloquearlas una por una o ponerles su propio límite de uso diario. Ah, y ojo: algunas apps del sistema no las puedes tocar porque, según Google, son necesarias para que el invento funcione.
  • Ubicación: Como un localizador GPS, pero sin el collar. Si el niño lleva encima el móvil (o un reloj Fitbit compatible), lo ves en un mapa desde tu app.
  • Filtros de contenido: No bloquea todo lo malo del internet, ojo. Pero te deja activar restricciones en YouTube, en el navegador Chrome y en el buscador de Google para que no le salgan ciertas cosas. Vamos, que es un filtro, no una muralla china.

Los problemas que te puedes encontrar

La cosa no es perfecta, claro. Me contaron que si el niño se mete en un iPhone o en un ordenador que no sea Chromebook, ahí se acaba la fiesta. Solo te deja manejar algunas cosas de la cuenta, como lo de YouTube, pero el control del tiempo o de las apps se va al traste. Y lo de la edad también es un lío: cuando el chaval cumple 13 (o la edad que sea en tu país), Google te manda un correo avisando de que ya puede decidir si sigue con el control parental o se lo quita. A partir de ahí, el adolescente puede cerrar la supervisión cuando le salga de las narices. Si lo hace, su móvil se bloquea 24 horas… a menos que tú, como padre, lo desbloquees antes. Vamos, una batalla de voluntades en toda regla.

Lo que pienso de verdad

Yo al principio pensaba que era solo para controlar, pero ahora veo que también es para enseñar. Lo del límite de pantalla no es solo un castigo, es para que aprenda a dosificar. Lo de tener que aprobar las apps nuevas obliga a hablar con el crío de qué quiere instalar y por qué. Y lo de poder ver dónde está da una paz mental que no tiene precio, aunque hay que tener cuidado de no usar eso para espiar. Lo que más me mosquea es que no sirva para todo. Si tu hijo se pasa a un iPhone, te quedas a medias. Y los filtros, aunque ayudan, no son infalibles. Así que esto no es un piloto automático; tú sigues teniendo que estar pendiente.

En resumidas cuentas, el Family Link es como ponerle ruedines a una bici. No es la bici, ni te evita que se caiga, pero le da un punto de seguridad mientras aprende. A mi sobrino le ha funcionado. Al principio se quejaba del límite de tiempo, pero ahora hasta gestiona mejor sus partidas. El truco, como con todo, está en usarlo con sentido común y sin volverse loco.